El Día

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Libertad o con gloria morir

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          El próximo 31 de marzo se conmemorarán los 88 años de la inmolación de Baltasar Brum, en aras de la defensa de la democracia. Un infausto recuerdo para el Uruguay y una mancha para el Gobierno de facto de Gabriel Terra. En su memoria, repasamos su vida y los sucesos que acabaron con ella, intentando honrar la figura del ex Presidente.

  Brum nació el 18 de agosto de 1883 en “El Catalán”, territorio del hoy departamento de Artigas. En 1904, habiendo culminado el bachillerato en el instituto politécnico de Salto, decide comenzar sus estudios universitarios en Montevideo, allí comienza a seguir más de cerca la obra de José Batlle y Ordoñez.

            Inició su carrera política en 1908 integrando la comisión directiva del centro de Asociación Estudiantil de Montevideo, promoviendo la participación estudiantil en la política universitaria y en el cogobierno de la misma, siendo también editor del periódico “Evolución” de la asociación de estudiantes, en la Universidad de la República.

            En 1908 obtiene su título de Doctor en Jurisprudencia y regresa a Salto para ejercer la profesión, abriendo entonces su estudio jurídico. También actuó como docente, periodista y presidente de la Junta Departamental de Salto en el período 1911-1913.

            En 1913 se establece formalmente en Montevideo. Y durante el segundo Gobierno de Batlle (1911-1915), al cumplir la edad constitucional, asume como Ministro de Instrucción Pública. Su ejercicio estuvo orientado a elevar el nivel cultural del país, estimulando la creación de bibliotecas departamentales para fomentar la lectura, redundando así en un incremento de la educación popular, a su vez, durante dicho período se promulga la Ley de Gratuidad de la Educación Secundaria. En 1914 se lo nombra Canciller de la República, desempeñándose entonces en forma simultánea en ambos ministerios hasta finalizar el período.

            En 1915 Feliciano Viera lo designa Ministro del Interior, cargo que ocuparía hasta septiembre de 1916, cuando se le otorga nuevamente la cartera de Relaciones Exteriores. A pesar del accidente que habría sufrido meses antes, provocándole una fractura de cráneo que le dejó serias secuelas, su gestión resultó ser exitosa y destacable.

            Tras un acuerdo entre los partidos tradicionales en el año 1919 se había derogado la Constitución de 1830, dándole lugar a nueva Constitución, la cual establecía que los integrantes del Poder Ejecutivo debían de ser elegidos directamente por la ciudadanía, pero disposiciones provisorias impuestas en el último capítulo de la misma disponían que el Presidente de la República y el Consejo Nacional de Administración serían elegidos por la Asamblea General. Este procedimiento llevó a la Presidencia al Dr. Baltasar Brum de 34 años de edad, convirtiéndolo en el presidente constitucional más joven de la historia del Uruguay.

            En su desempeño como Jefe de Estado orientó su labor legislativa a defender los derechos de los trabajadores y de las mujeres, promulgándose la Ley de descanso semanal obligatorio, de accidentes de trabajo, reglamentaciones del trabajo de la mujer y el niño, la creación de la caja de jubilaciones y pensiones; reconociendo también los derechos civiles y políticos de las mujeres. Brum redactó un proyecto de Ley sobre este último punto, en el que determinaba una nueva redacción de los códigos civil, penal y comercial, de todos los artículos donde se restringieran las libertades de la mujer, y así reconocer los mismos derechos y obligaciones para hombres y mujeres. Los cambios más grandes que se produjeron fueron el reemplazo del término “hombre” por el de “persona” y el reconocimiento del derecho a voto de la mujer, el mismo fue ejercido por 92.918 mujeres por primera vez en elecciones nacionales en el año 1938.

            Al concluir su mandato ejerció como co-director del diario “El Día” junto a José Battle Pacheco, al mismo tiempo que desempeñaba su carrera de abogado. A su vez, presidió el Banco Hipotecario del Uruguay (1926) y el Consejo Nacional de Administración en el período de 1929-1931.

            El 31 de marzo de 1933 el presidente Gabriel Terra, con apoyo del ejército, la policía y un sector del Partido Nacional liderado por el Dr. Luis Alberto de Herrera, disolvió el Consejo Nacional de Administración y el Parlamento, aboliendo la constitución de 1919 dio inicio a un golpe de Estado, truncando entonces la intachable trayectoria de Brum. La toma de poder fue vista con frialdad por el pueblo, a excepción de algunos sectores del batllismo y la izquierda. Esa misma tarde se dispuso el arresto político de varias figuras opositoras de estos sectores, entre ellas Brum.

            Alrededor de las 15 horas de ese día, el ex Presidente, portando un revólver en cada mano, esperó la detención en su domicilio, ubicado en la calle Río Branco, junto a su hermano y unos pocos correligionarios. Le propusieron salir del país asegurando su seguridad, pero se rehusó. Minutos más tarde llega la resolución de la Junta de Gobierno, ordenando su reducción, esto demostraba que Terra no estaba dispuesto a realizar acuerdos. Pasadas las 16hs, sin detectarse ninguna clase de resistencia por parte del pueblo, alzó su voz diciendo “(…) Para inculcar la idea de resistencia hay que dar el ejemplo. ¡La patria reclama sangre y yo le ofrezco la mía! ¡Vayan y díganle a Terra que la República está aquí, en la calle Río Branco y que no voy a entregarme!¡Prefiero morir antes que ver a mi pueblo sin libertad!”.

            Se convenció de que sacrificar su propia vida se convertiría en un estigma para la dictadura y que la restauración de las libertades sería antes de lo esperado gracias a ello. Por lo que camino al centro de la calle “con la camisa abierta al pecho y el pecho abierto a la patria”, levantó su arma y al grito de “¡Viva Batlle!¡Viva la democracia!” tiró del gatillo disparándose en el corazón, realizando así un significativo acto al derramar su sangre en defensa de la Libertad. No obstante, hay quienes lo califican como un acto de cobardía y locura, mientras que otros lo recuerdan como un hecho heroico y homenajean su persona al canto de “¡Viva Batlle!¡Viva la libertad!¡Viva Brum!”.

            Cuando la noticia fue pública, Alba Roballo convocó a una manifestación, allí realizó un discurso entusiasmando a los más de cinco mil estudiantes presentes a moverse en favor de las Instituciones. Finalmente, el proceso hacia la culminación de este período amargo se acerca cuando en 1938, a pocos meses de la asunción del Presidente Alfredo Baldomir, la ciudadanía reclama una reforma en la Constitución, a lo que creo, el suicidio de Brum influyó mucho en este transcurso.


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