El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

Joaquín Suárez, el patriota abnegado

Compartí este artículo con tus amigos

No muchos personajes son tan intrigantes como la figura de Joaquín Suárez, un verdadero patriota, con un sentido del deber elevadísimo, que cuando le tocó ocupar cargos de relevancia los ejerció con una conducta abnegada poniendo al país por encima de sus intereses. Por lo cual, es uno de los mejores ejemplos de conducción del país, incluso en tiempos difíciles.

El origen

Joaquín Suárez nació un 18 de agosto de 1871 en la Villa de Guadalupe (lo que hoy en día conocemos como Canelones) dentro de una familia rural, la cual comerciaba sus productos en diferentes localidades de la Banda Oriental. En este periodo recibió una educación básica para la época, pero a sus 13 años su madre fallece y el padre opta por enviarlo a Montevideo a recibir una mejor educación para posteriormente llevar adelante los negocios familiares.

Fue un luchador por la independencia desde un primer momento, cuando se pliega a las tropas de Artigas en los acontecimientos de San José en donde logra obtener el grado de capitán, y, tiempo después, en la batalla de Las Piedras es ascendido a comandante militar de Canelones. Participó del éxodo del pueblo oriental acompañado a artigas hacia el Ayuí. Retornó y participó del segundo sitio a la ciudad de Montevideo en 1812, pero por problemas internos le comunicó a Artigas su interés de retirarse de este conflicto. Ya cuando la Provincia Oriental estuvo en control efectivo de las fuerzas artiguistas ocupó en un breve período de tiempo cargos ejecutivos, que se vieron menguados con las invasiones lusitanas al territorio oriental, y que terminarían teniendo como consecuencia la derrota de las tropas de Artigas y el domino del territorio por parte de los portugueses.

En el período de dominación Luso-Brasilera estuvo en un segundo plano y se retiró a su casa, sin embargo, seguía apoyando a los movimientos revolucionarios con dineros y materiales que él mismo costeaba de su bolsillo. También recibió propuestas de los ocupadores para que se pasase de bando, a las que siempre contestaba con negativas, como se puede observar en la cita de la autobiografía de Suárez que se encuentra en Doctores de Lincoln Maiztegui: «varias veces se me propusieron empleos por los portugueses y siempre los rechacé con energía«. Con su innegable patriotismo resistió esta dominación sin temerle a ninguna de las autoridades, por lo cual llegó hasta a recibir admiraciones y respeto de sus enemigos.

Cruzada libertadora e Independencia

Apenas comenzó la cruzada libertadora de 1825 encabezada por Juan Antonio Lavalleja se plegó a su movimiento y formó parte de la Comisión de Hacienda para luego ser elegido como representante de San Fernando de la Florida en la sala de representantes de la ciudad homónima, la misma sala que declaró su independencia respecto al Imperio del Brasil el 25 de agosto del mismo año. Con el desarrollo que fue tomando el enfrentamiento, sumado a la incorporación de las Provincias Unidas de Río de la Plata al conflicto, hizo que Lavalleja se trasladara para realizar maniobras militares, por lo cual Suárez fue nombrado Gobernador Delegado, pero en lo fáctico tenía el mismo poder que un Gobernador. En este período, su administración es recordada de forma satisfactoria.

En el ámbito político apoyó la constitución de corte unitaria de Bernardino Rivadavia en Las Provincias Unidas, lo cual desato el desencanto de varios personajes, como Lavalleja, que intentó dar un golpe de estado a la sala representantes de Florida el 12 de octubre de 1827, siendo sustituido por otro delegado. Por este hecho tuvo un breve periodo fuera de la vida política de la Provincia, para posteriormente formar parte de la Asamblea General Constituyente, teniendo el deber de redactar nuestra primer Carta Magna. En el deber legislativo fue electo diputado por el departamento de Soriano. En el intervalo de la creación y aprobación de la constitución fue elegido por José Rondeau como Gobernador Provisorio del Estado Oriental el 2 de diciembre de 1828, haciéndose cargo del mismo hasta la llegada de un titular que lo ocupase 20 días después. Luego de crearse y aprobarse por ley nuestro primer pabellón patrio, que fue bordado por la esposa de Suárez, fue el primer uruguayo que tuvo el honor de izarla un 1 de enero de 1829 en Guadalupe (Canelones).

En el recién naciente Estado Oriental del Uruguay fue designado por el presidente Fructuoso Rivera Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores e interino de Guerra y Marina, para posteriormente ocupar su escaño de diputado, siendo reelegido para el mismo cargo por el departamento de Cerro Largo en 1834. Con el alzamiento en armas de Fructuoso Rivera, Manuel Oribe lo designa como presidente de la cámara de senadores. A partir de la batalla de Palmar empieza su acercamiento con Rivera. Al integrar la Comisión Pacificadora creada por el presidente Oribe, él fue como representante del presidente, pero volvió representando a Rivera. Esto se debe a que Suárez empezó a observar un progresivo acercamiento hacia Juan Manuel de Rosas, el cual gobernaba de manera casi despótica y autoritaria la Nación Argentina, además estos acercamientos podían atraer las ideas federales que allí se profesaban, en disidencia al pensamiento unitario que tenía Suárez.

La defensa de Montevideo, un bastión de libertad

Terminado el segundo mandato de Rivera y con una guerra civil en pleno desarrollo se optó por designar a Joaquín Suárez como presiente interino del Uruguay, ya que él ocupaba el cargo de presidente del senado antes de producirse la vacante, estando en el poder 8 años (1843/1851). Durante este periodo gobernó una ciudad sitiada en plena guerra civil, ciudad que albergó a varias legiones extranjeras como la Legión francesa y la famosa legión italiana liderada por «el héroe de dos mundos», Giuseppe Garibaldi. Además de albergar y dar refugio a los exiliados de la tiránica dictadura rosista, con todos estos factores Montevideo pasó a ser una ciudad cosmopolita, en donde se difundían las nuevas ideas surgidas en Europa, con las cuales esta pequeña porción de territorio fue un gran bastión de libertad frente a las fuerzas de Rosas y del gobierno del Cerrito.

En este período de tiempo el gobierno sufrió grandes penurias económicas debido al sitio sufrido, sumado a los conflictos bélicos que iban aconteciendo. Con esta situación económica Suárez no dudo ni un segundo en poner en disposición sus bienes y ahorros para mantener el gobierno sitiado, incluso quedando casi en la pobreza extrema.

El patriota abnegado

Ya terminada la guerra fratricida, entregó el poder a Bernardo Berro y asumió cargos legislativos que a la larga termino renunciado por problemas de salud. Ya retirado de la vida política vivió sus últimos años en su quinta. Debido a su estado de pobreza extrema producida en invertir todos sus ahorros en pos de la libertad, el senado le pidió saber cuánto había gastado de sus ahorros personales para poder retribuírselos, a lo cual él negándose a dicha retribución contestó con un enorme patriotismo, poniendo primero a el País que a el mismo: ¨A la madre no se le cobran cuentas¨. Finalmente, el senado le otorgó una pensión de 3000 pesos para que pudiera vivir medianamente mejor. El 26 de diciembre de 1868 dejó de respirar en su quinta un gran patriota, que dejó todo por la República y por la libertad. De él tenemos que rescatar su capacidad de dirigir al país en momentos muy difíciles y su abnegación frente a las penurias económicas que sufrió junto a la patria.

Simplemente un patriota con todas las letras.


Compartí este artículo con tus amigos
Mostrar más

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *