El Día

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Ser mujer en política

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Las fechas internacionales son instancias que sirven para dar
observancia global a causas y es en marzo cuando el foco del mundo
está en la lucha de la mujer, por su participación dentro de la sociedad y por su desarrollo íntegro como persona.

Este mes es uno especial y de suma importancia para todas las mujeres, y una responsabilidad – a mi entender- para las que contamos con el privilegio de poder usar esta herramienta para hacer visible el rol de las mujeres en la sociedad, en los lugares en los que deciden y eligen desarrollarse. Y, por ende, un mes de vital importancia en lo que es el camino hacia la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.

Históricamente las sociedades, en su desarrollo, han mantenido una división sexuada de la población. En el imaginario colectivo, a los hombres se les adjudica la capacidad de abstracción, de pensamiento racional, que los transforman en idóneos para el ámbito público y la toma de decisiones. Mientras tanto, a las mujeres se las identifica con lo emocional y, por ende, restringidas al ámbito privado.

Uruguay, y más exactamente José Batlle y Ordoñez, adelantado a su época,
tomó medidas para mitigar esa división sexuada y generar participación real de la mujer en la sociedad, ya fuera fomentando la educación terciaria de la mujer, el derecho al sufragio o el escandaloso derecho a divorciarse por su sola voluntad.  

Innegablemente nuestro partido fue pionero en ese sentido, pero ya no
estamos en la primera parte del siglo XX y debemos reconocer que en este
aspecto estamos perdiendo la carrera de la vanguardia.
Tristemente, no es algo que se dé solamente en nuestro país. 

En la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en
1995, (que tuvo un seguimiento de planes quinquenales, siendo el último en marzo del 2020) marcó un importante punto de inflexión para la agenda
mundial de igualdad de género. Es esta instancia se elaboró un programa en favor del empoderamiento de la mujer, en el que se establecieron una serie de objetivos estratégicos y medidas para el progreso de las mujeres. Específicamente, además, se abordó todo lo atinente al rol de la mujer en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones. Se formularon medidas para asegurar el acceso equitativo a una participación integral en las estructuras de poder y para aumentar la participación de las mismas en la toma de decisiones y liderazgo.

189 países manifestaron unánimemente su aprobación respecto de estas medidas y, sin embargo, en el 2020 aún vemos que “…los progresos no han sido lo suficientemente rápidos o profundos…” y que “… 25 años después de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, ningún país ha logrado plenamente la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas…” . (Fuente: https://undocs.org). Las mujeres representamos más de la mitad de la población mundial, pero no existe una participación equilibrada entre hombres y mujeres los espacios de toma de decisiones. Esta casi nula representación impide que se encuentren plenamente reflejados los intereses y las necesidades del conjunto de la sociedad.

Clara y lamentablemente este problema -problema que a veces el hombre no ve como tal, porque no lo vivencia o porque no percibe que su género es un privilegio en sí mismo- no va a ser resuelto en un futuro próximo.
Pero sí puede mitigarse, sí puede visibilizarse y sí podemos, como partido,
militantes y personas, empezar a ser agentes de cambio en este aspecto. 

¿Cómo? 

Quizás contestándonos sinceramente esta pregunta:

¿Acaso no es necesaria la igualdad material y real entre las mujeres y hombres para generar ideas, valores y comportamientos diferentes, que vayan en la dirección de una sociedad más justa y equilibrada tanto para las mujeres como para los hombres?

Empecemos por casa, entendamos que las ciencias, la política, el cambio
social no tiene género y aprovechemos el capital humano que somos las
mujeres en este partido, la óptica que tenemos, la perspectiva que ofrecemos y la oportunidad que les podemos dar para ser nuevamente un partido realmente representativo.

Siguiendo esta línea, deberíamos todos, pero principalmente los varones, preguntarnos también lo siguiente:

¿Alguna vez viviste una situación en la que habiendo expuesto una opinión no fuiste escuchada/o pero cuando alguien más lo hizo sí tuvo validez?
¿Alguna vez la idea que propusiste no fue escuchada pero cuando lo hizo
alguien más SÍ fue tomada en cuenta?
¿Alguna vez tuviste que trabajar el doble por el mismo reconocimiento o
validación?
Seguramente sí. 
¿Qué pasa cuando cambiamos el “alguna vez” por el “amplia mayoría de las
veces?
¿Qué sentirías? O más bien, ¿cómo lo vivirías?
Buscando generar una construcción reflexiva junto a nuestros pares varones, el fin de esto no es transmitir una idea, sino una realidad. 
NO es contar lo observado sino lo vivencial.

Porque ser mujer en política es eso. “La amplia mayoría de las veces” estar a
merced de…

Es vivir la militancia, muchas veces, ante oídos sordos; es validarle a otro TU propuesta, es trabajar el doble siempre, “la amplia mayoría de las veces» viendo cómo esto solo toma relevancia al ser dichas o hechas por un varón.
Tal es el rol que nos hemos visto ocupando que “la amplia mayoría de las
veces” seguimos actuando así y tal es el compromiso con el cambio a futuro en las causas que creemos que aceptamos esa “idiosincrasia” con tal de ver aplicado el cambio de deseamos. Corriendo “la amplia mayoría de las veces” el riesgo de vivir el “backlash”, de ser llamadas “hijas de las cuotas”, de tener una vara más alta, de tener que siempre “justificar” nuestras competencias y la lista puede seguir…

Sin embargo, aprovechando los tiempos en los que vivimos, entiendo como
nuestra responsabilidad visibilizar esto, porque lo que no se dice muchas veces no existe.

Pasamos por muchos adjetivos cuando alzamos la voz frente a estas
injusticias.  Pero solo nos tocan esos (que todos conocemos cuáles) por nuestra calidad de mujeres. 

Y sin embargo seguimos dependiendo del sexo opuesto “la amplia mayoría de las veces” para que nos respalden y juntos mostrar que no está bien ese
recorrido gramático erróneo cuando con fuerza, ímpetu, seguridad, convicción y empuje peleamos por el cambio que queremos para el mañana.  Usando ahora sí adjetivos que representan lo que implica la calidad de mujer en el ámbito político. 

Con 31 años, agradecida a la coraza e inteligencia emocional que me han dado mis años (más de los que me gustaría admitir) de militancia en el partido, me gustaría pensar que en un Futuro “la amplia mayoría de las veces” nos sentemos paritariamente, frente a adjetivos iguales, a discutir con escucha activa la mejor forma, manera y accionar, frente a oídos presentes, el cambio que queremos ser para el mañana en la construcción de una sociedad justa, donde se viva la democracia de manera real.


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