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Nombrarnos en femenino: ¿Por qué no?

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Si hay una discusión emblemática para poner en evidencia cuánto queda por andar para alcanzar la igualdad de varones y mujeres, es la del lenguaje.

En lo personal, no deja de sorprenderme oír a algunos periodistas, líderes políticos, funcionarios de gobierno y cualquiera que tenga un micrófono a su alcance, evitar cuidadosamente el uso del femenino para referirse a las mujeres, apelando a reglas gramaticales que, en demasiados casos, sólo están en su imaginación.

Así, el Presidente Lacalle suele referirse a la titular de la cartera de economía como “la Ministro”, muchas personas aluden a las Dras. en Medicina como “la médico” o a las formadas en Ingeniería como “la ingeniero”. En todos esos casos, el uso del femenino está perfectamente aceptado, tal como puede confirmarse con un clic en el muy útil Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española[1]

Más interesante es la situación de vocablos como presidenta o intendenta, a cuyo respecto circulan argumentos aparentemente serios y sesudos en los que se nos explica que los nombres terminados en “ente” o “nte” no admiten la forma femenina, por razones súper complejas que, sin embargo, resultan descalificadas por las autoridades de la lengua, a poco que se investigue. No sólo esas palabras figuran desde 1803 en el diccionario de la RAE [2] sino que, el uso pacífico de vocablos como sirvienta o infanta, desmienten que exista el impedimento gramatical invocado. El prestigioso instituto Fundéu ha analizado el tema y, categóricamente, ha concluido que “Nada en la morfología histórica de nuestra lengua … impide que las palabras que se forman con este componente tengan una forma para el género femenino.” Y, con lógica aplastante, ha recordado que “Las lenguas evolucionan … Para que una lengua tenga voces como presidenta, solo hacen falta dos cosas: que haya mujeres que presidan y que haya hablantes que quieran explícitamente expresar que las mujeres presiden.”[3]

Quienes lean se preguntarán por qué traigo este tema a cuento. ¿Acaso importa el uso del femenino? Para mí la respuesta afirmativa no admite dudas: las formas masculinas del lenguaje resultan ambiguas a la hora de comunicar, porque tanto designan a uno o varios varones, como a un grupo de varones y mujeres (masculino genérico). Y, detrás de esa ambigüedad, muchas veces se camuflan inequidades, discriminación y exclusiones. El ejemplo paradigmático, a mi entender, es el de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa el 26 de agosto de 1789. Pese a esa designación grandilocuente y seductora y a que el principio de igualdad se consagró a texto expreso[4], los constituyentes franceses no estaban pensando en reconocer a las mujeres derechos sociales y políticos. Toda la igualdad que proclamaban, estaba reservada al hombre en tanto varón, no al hombre en tanto ser humano.

En estos tiempos en que la construcción de mayor igualdad se ha transformado en un imperativo ético de primer orden y en una ineludible condición para el desarrollo, el uso de un lenguaje que nombre a las mujeres y nos incluya, no sólo es una exigencia simbólica, sino un requisito esencial para empezar a abandonar toda forma de negación, ocultamiento y opacidad de las desigualdades que aún persisten y que se reflejan en menores oportunidades y mayor pobreza para las mujeres, brecha salarial, mayor desempleo, asimetría en el acceso al poder, sobrecarga del trabajo no remunerado, violencia y explotación.


[1]  https://www.rae.es/dpd/ministra

[2]  https://www.dle.rae.es/presidente

[3] https://www.fundeu.es/escribireninternet/presidenta/

[4] 1. Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales solo pueden fundarse en la utilidad común. 6. La ley es expresión de la voluntad de la comunidad…Debe ser igual para todos, sea para proteger o para castigar. Siendo todos los ciudadanos iguales ante ella, todos son igualmente elegibles para todos los honores, colocaciones y empleos, conforme a sus distintas capacidades, sin ninguna otra distinción que la creada por sus virtudes y conocimientos.”


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5 comentarios

  • Diego Santi
    Diego Santi

    No coincido con sus apreciaciones. Nada de lo que dice la nota se aleja de la «cultura» o de las normativas dictadas por las Academias de lengua. El Día fue la herramienta por excelencia del batllismo, fuerza justa y transformadora de la sociedad uruguaya, esta nota va plenamente en línea con ese espíritu. Sólo faltó que firmara «Laura». Un cordial saludo

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  • Martina
    Martina

    Clarísimo !! El ejemplo de la presidente y la sirvienta es brutal! No lo ve quien no quiere, probablemente por temor a perder sus privilegios o por repetir el discurso dominante… felcitaciones al Dario El Día por volver comprometido con los valores democráticos

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  • Gabriel Silva Petraglia
    Gabriel Silva Petraglia

    Mal comienzo para un medio de comunicación que, por tal, tiene el deber de enseñar. Y para peor, usando un nombre sagrado para la tradición periodística del Uruguay. El Día fue un emblema de Libertad y de Defensa de los DDHH. El absurdo que maneja la señora se desploma ante la realidad de que la gente útil reconoce la inclusión (masculina, femenina, gay, trans, etc.) en las reglas de la normalidad, y convive espontáneamente con ellas. Y sólo a cuenta de «botones de muestra», el economista seguirá terminando en «a», al igual que la economista, o la estudiante seguirá terminando en «e», al igual que el estudiante. Volviendo a lo del principio, confieso que el diario al que serví durante sus últimos años, jamás habría incluido una nota tan ligera y sin sentido como la de la connotada y respetable feminista. En ese diario imperaba el deber de «hacer y ser parte de la Cultura.

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    • Diego Santi
      Diego Santi

      No coincido con sus apreciaciones. Nada de lo que dice la nota se aleja de la «cultura» o de las normativas dictadas por las Academias de lengua. El Día fue la herramienta por excelencia del batllismo, fuerza justa y transformadora de la sociedad uruguaya, esta nota va plenamente en línea con ese espíritu. Sólo faltó que firmara «Laura». Un cordial saludo

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  • Agustina Gross
    Agustina Gross

    Excelente! Invita a pensar y replantearse muchas cosas que damos por hechas.

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