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La supervivencia del Fútbol Uruguayo

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Hace bastante tiempo sabemos que la forma actual del medio local está destinada a la extinción. Las viejas formas y obligaciones mantenidas de una época dónde el fútbol uruguayo a nivel de clubes era potencia en América ya no funcionan.

Ya seas dirigente, protagonista, periodista o hincha; estás obligado a vivir en una mentira colectiva de que esas formas siguen siendo posibles a día de hoy. Uruguay ya no tiene dentro de sus clubes a algunos de los mejores jugadores del mundo cómo en los ‘60. Ni siquiera a algunos de los mejores del continente cómo en los ‘80.

“Vamos por la sexta” repite el hincha de Peñarol cada nueva Copa Libertadores, incluido Mario Saralegui en su asunción como entrenador del club.
El entorno de Nacional, aunque de forma más medida, quedó desilusionado con la eliminación en cuartos de final en esta Libertadores 2020.
“Los grandes están obligados a pelear por la Copa” se escucha en la calle y en los medios.

Todo esto es irreal.

Cada año esta obligación autoimpuesta lleva a gastos excesivos que sumergen al medio en su conjunto.
Nacional y Peñarol, que tienen el mayor poder económico interno, gastan mucho y venden bajo al extranjero. Por lo tanto compran barato dentro del medio, y le bajan la cotización indirectamente a los jugadores de equipos “chicos”. Entonces todos giran dentro de una economía de necesidad.
A su vez, sumamos que la mayoría de equipos “chicos” da pérdida cada vez que abre sus puertas al público porque el gasto es mayor al beneficio por entradas. Hay un problema grave.

Esto se reduce a esa incapacidad de competir en el continente.

Por más de que ambos grandes hagan esfuerzos económicos fuera de sus posibilidades para traer contrataciones de renombre, en los últimos años la experiencia nos ha demostrado que los equipos uruguayos no pueden ser competitivos contra Argentina y Brasil a nivel continental, salvo en algunos casos excepcionales. Más allá del tremendo gasto, las potencias de la Copa Libertadores tienen un presupuesto y capacidad de atracción muchísimo mayor.

La realidad nos marca que el fútbol uruguayo va a tener que aceptar su rol de país formador / exportador al 100% si no quiere fundirse en el camino.

Mundial Sub20 2019. Imagen vía auf.org.uy

¿Solución a este destino más que probable?
Mejorar el producto para subir el valor del mercado local, así poder vender a mayor precio al extranjero y reinvertir ese dinero en la estructura del club o en el medio.
Si en lo económico les va mejor a todos, exponencialmente todos ganan más.

A día de hoy el problema más grande lo tiene Peñarol.
Según un informe de Referí, en 2020 tuvo un presupuesto mensual de 1.3M de dólares; algo insostenible para sus ganancias en premios por desempeños en la Libertadores. Así que tiene que vender.
El club viene de años exportando jugadores jóvenes del primer equipo (Nahitan Nandez, Federico Valverde, Diego Rossi, Brian Rodriguez, Darwin Nuñez, Facundo Pellistri), pero la retribución económica es poca comparada a la que reciben otros grandes equipos del continente.

Usando a Brasil como ejemplo: ellos tienen la capacidad de vender a jugadores de similares características por un precio que, en el peor de los casos, triplica el del uruguayo. Claramente el factor “Brasil” tiene su peso específico que sube el valor que se disponen a pagar desde Europa, además de la capacidad económica para retener al talento si no llega la oferta deseada.
Para ponerlo en nombres y números, Vinicius Jr y Reinier se fueron a Real Madrid por 45 y 30 millones de euros respectivamente, con una cantidad similar de partidos en primera que Pellistri (8m) y Brian Rodríguez (10m).

De nuevo, Uruguay se encuentra en un círculo vicioso de vender por necesidad a precios que no le satisfacen del todo para así sanear cuentas.

En Nacional las cosas cambiaron con Decurnex.
La gestión y el plantel actual es una demostración de lo que el futuro nos puede deparar como plan deportivo para los grandes: un plantel armado dentro del modelo que no admite gastos exagerados ni extensos pedidos de futbolistas por cada entrenador nuevo.

El plan está basado en juveniles del club y contrataciones a bajo precio del medio local, acompañados por unos pocos jugadores experimentados en zonas clave de la cancha.
El director deportivo lleva adelante el análisis de necesidades del plantel por posición. Ahí el entrenador sí tendrá la palabra en qué perfil de jugador se contrata, para así juntos definir al candidato que van a intentar contratar.

Esta idea abarata costos y crearía equipos sólidos basados en el conocimiento de los jugadores formados en el club. La actuación en la Copa Libertadores es una demostración, tal vez ideal, de cómo puede funcionar.
Quizá este modelo pierde en talento inmediato o suma errores por inexperiencia, pero seguro puede acortar los períodos de adaptación a jugar en conjunto del plantel. Esa es una señal positiva clara que no deja ninguna duda.
Luego está la discusión de que alguien formado en las inferiores del club tiene un sentido de pertenencia mayor a un jugador que llegue de fuera por más jerarquía que tenga o que sea hincha desde la infancia; que a mi forma de ver es otro punto a favor al momento de generar una identidad y una cultura ganadora.

Todo esto tiene sentido cuando se logre convencer a la parte más presionante del puzzle: el hincha. Esa pieza a la que los clubes ponen con mayor prioridad en la lista de elementos a los cuales satisfacer.
No va a ser fácil.
Cambiar el foco de estar obligados a competir en América a uno de competir en el torneo local y participar de la Libertadores no va a ser cosa de unos días. Tal vez el hecho de tener juveniles cómo base del plantel, jugadores “de la casa”, se puede conseguir un cariño especial del hincha con el grupo que de más calma a la hinchada.

Ahora queda esperar cómo tratan los clubes, sobre todo Nacional y Peñarol, su economía a futuro: ¿Decurnex seguirá en esta línea o dará un golpe sobre la mesa para competir en Copa? ¿Ruglio cambiará las formas en Peñarol o seguirá con los vicios de administraciones pasadas? ¿Los equipos “chicos” podrán no perder dinero sólo por competir en el Campeonato? ¿Los factores externos podrán subir el valor neto del producto “Fútbol Uruguayo”?
El tiempo dirá cual es el destino de nuestro fútbol.


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