El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

Liberalización de las drogas y medioambiente: Entrevista a Eduardo Blasina

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El 10 de diciembre del año 2013 se aprobó en Uruguay la Ley N.º19.172, convirtiéndonos en el primer país del mundo en legalizar la venta y el cultivo de marihuana plenamente.
Estamos en el año 2021, y mucha agua ha corrido bajo el puente. En los últimos meses se han comenzado a escuchar con cierto clamor aisladas voces que piden avanzar en esta ley, y comenzar a discutir sobre la liberalización de otras sustancias psicoactivas.
Para hablar de este y otros temas, nos fuimos hasta el Museo del Cannabis donde nos recibió el Ing. Agrónomo Eduardo Blasina, referente en temas agropecuarios y ambientales del Partido Colorado.


 Eduardo, ¿es correcto decir que el cannabis es una droga?


– Es una pregunta simple que tiene una respuesta muy compleja. Por un lado, si tomamos al cannabis psicoactivo y consideramos que a todo aquello que genere una psicoactividad se les llama droga -entre comillas-, la respuesta es sí. Si vos fumas cannabis con más de 10% de THC, vas a tener una experiencia de cierto cambio en tu percepción de la realidad, o en tu estado de ánimo, que lo vas a notar. En ese sentido, se diría para ser más preciso que es una planta psicoactiva. Ahora bien, en caso de adoptar ese criterio el mate, el café, el té y el azúcar serían todas drogas, porque todas nos cambian el estado de ánimo, típicamente el mate cuando nos levantamos con sueño y nos despierta.


Creo que la palabra droga tiene un inconveniente que es su extrema vaguedad, porque si engloba tanto a la pasta base como al cannabis o al alcohol, es muy inexacta. Es como preguntar si los peces son buenos o malos, y bueno, si es un tiburón blanco que tiene hambre es mejor que me aleje, pero si es un pejerrey que está por ahí no tengo ningún inconveniente, entonces la palabra droga es demasiado amplia.


En general, la usan quienes quieren coartar libertades para proclamarse muy éticos estando contra de “la droga” pero siempre toman alcohol y generalmente también usan tabaco, pero ellos se ponen en un pedestal ético hablando de “la droga”. Yo creo que un joven batllista, cada vez que escuche hablar a alguien de “la droga” debería encender todas sus alarmas, en cuanto que esta persona seguramente no muy humanista y es bastante liberticida. Entonces, yo prefiero hablar específicamente de cada sustancia de las que se llaman droga. Hablemos del alcohol, del cannabis, de la cocaína, hablemos del LSD, pero hagámoslo con seriedad científica, en base a información de buena calidad y analicemos caso por caso.


Aun así, el concepto de droga tiene cierta utilidad porque en los países como Gran Bretaña y en varios otros, hay un ranking de peligrosidad de las sustancias que en cierta manera alternan tu percepción o se llaman sustancias psicoactivas, donde el Cannabis está los lugares de menos peligrosidad y el tabaco y el alcohol invariablemente están en los dos lugares de más arriba, incluso por arriba de la heroína, que es algo que nunca he probado y me resulta una experiencia demasiado extrema para mi gusto. Sin embargo, el tabaco y el alcohol son las que por adictividad, por peligrosidad de que tengas un accidente, de que agredas a otra persona o de que te mueras por exceso son las dos más peligrosas; y trata de no ver publicidad de alcohol por cuánto rato lo soportas. Entonces, eso nos habla de una cierta hipocresía de la sociedad en torno al tema, que desde que retomó la democracia y empezamos a luchar por la liberalización de cannabis, era una de las cosas que nos daba más disgusto. Esa hipocresía de viejos alcohólicos obesos de tanto alcohol, que te daban lecciones de moral…


– ¿Existen en el mercado productos psicoactivos de libre comercialización, que para la salud pueden resultar más perjudiciales que el cannabis?


– Sí, por supuesto, en cualquier farmacia. Hay productos que se les receta a los niños, lo cual me parece totalmente asombroso, con el argumento del “déficit de atención” que era algo que cuando yo era chico no existía, y hoy se les dan psicofármacos a niños, me parece extremadamente peligroso. Yo agotaría todos los esfuerzos para no hacerlo con un hijo mío.


Entonces, de nuevo, creo que hay que hablar de cada caso y me gustaría cerrar el tema cannabis, porque muchas veces esta postura es acusada de querer minimizar los riesgos del cannabis, creo que está bueno hablar objetivamente de sus riesgos. Hay un porcentaje de la población al que no le hace bien: si uno tiene algún trastorno emparentado con la esquizofrenia no debe consumir; si uno fuma y ve que lo hace sentir mal una vez, dos veces, tres veces no lo debe consumir; si uno está deprimido no lo debe consumir; si se es menor de edad tampoco lo debe consumir porque su sistema nervioso todavía está en formación y tiene que esperar a que se consolide; si una persona está embarazada no lo debe consumir porque el bebé no tiene porqué consumir, o sea, hay un montón de precauciones que hay que tomar, de la misma manera que con el azúcar, que con el alcohol, que con el tabaco, etcétera.


Uno puede consumir tabaco sin ningún problema, si uno arma su pipa y cada 15 días la saborea para tener el placer del sabor del tabaco, no va a tener ningún riego en su salud, entonces, tenemos que evitar esa lógica cualitativa de “está bien” o “está mal” consumir tal cosa. Si uno quiere ser longevo que, en mi caso, hay que recabar información y ver cómo se puede disfrutar sin poner en riesgo ese objetivo personal, qué es vivir lo más prolongado y lucido posible. En el caso de las plantas, si es una planta como el cannabis que ha sido usada por miles de años sin generar ningún inconveniente como lo ha sido en la India, en la China, en Egipto, en todo Medio Oriente, tenemos ahí un antecedente evolutivo de que tan complicada la planta no es, porque la han usado millones de personas a lo largo de historia durante miles de años e incluso en India hay una diosa que se venera que llamada Shiva, la cual está vinculada al cannabis, es una diosa bondadosa y que no tiene ningún aspecto negativo. Es decir, ya la han probado cientos de generaciones de seres humanos sin inconveniente, eso es muy distinto de un producto industrial donde no tenemos ese antecedente, no hay miles de años de uso de cocaína ni de pueblos que usaron cocaína, les fue bárbaro e inventaron la matemática o inventaron montones de cosas como es India o China, que es el lugar de origen del cannabis. A los productos que son generados por la industrialización le cabe mucho más el concepto de droga, por algo cuando vamos una droguería nos dan productos industriales.


No quiero decir que todos sean malos ni buenos, sino que tenemos que analizarlos uno a uno, con precauciones adicionales, porque nuestro cuerpo puede estar acostumbrado a las platas desde hace millones de años, pero a los productos industriales no está acostumbrado y entonces no sabemos cómo vamos a reaccionar ante algo que para el cuerpo es tremendamente extraño.


 En Uruguay ya existe una ley que regulariza el comercio de la marihuana, los uruguayos pueden ir a una farmacia y comprar. ¿Es un buen momento para arranar el debate respecto a si debemos avanzar un poco más?


– Si, no solo es un buen momento, es un momento urgente para pensar cómo seguir avanzando en este tema por varias razones. Por un lado, la ley fue muy buena, creo que fue una construcción colectiva del sistema político uruguayo, donde intervino conceptualmente de una manera muy importante Jorge Batlle quien tuvo los cojones de ser el primer presidente en funciones que se pronunciara a favor de una legalización, pidiendo que fuera acompañada por otros países. Fue una construcción, en la que participó el actual presidente Luis Lacalle Pou, quien fue el que presentó el primer proyecto que tomaba lo que queríamos los militantes: que nadie fuera preso por tener plantas en la intimidad de su hogar, que ese era el reclamo original y el Frente Amplio tomó el guante y lo amplió como tú decías a que además se pudiese vender en farmacias y se pudieran tener clubes que es otra cosa tremendamente importante.


La ley tiene limitaciones propias de una ley que rompe un paradigma prohibicionista y entonces no puede avanzar cuánto debiera sino lo políticamente posible.


– ¿Cuáles son las principales trabas que tiene la ley?


–Sigue tratando el cannabis como algo de una peligrosidad mucho mayor que el alcohol, por ejemplo, tenemos paseo del vino, pero no podemos tener un paseo del cannabis, porque pareciera que el cannabis tiene algo que es peor que el vino, cuándo podríamos -cuando volvamos a tener turismo- tener Rutas del Cannabis, así como ya existen las Rutas del Vino. Deberíamos facilitarle la experiencia a mucha gente que ha venido incluso aquí al museo, gente que hace miles de kilómetros, han venido de Japón, de Irán, ha venido de Kurdistán porque Uruguay es el primer país legal, pero cuando quieren acceder a la experiencia del cannabis legal, decimos que para uruguayo sí, pero para extranjeros no. Eso es un problema muy grave y nos deja en una posición un poco ridícula porque legalizamos para -entre otras razones- debilitar al narcotráfico y cuándo vienen los turistas, los obligamos a ir al narcotráfico. Es una contradicción muy seria.


Por otro lado, Uruguay no se ha lanzado a investigar el cannabis en su aspecto medicinal, que tiene ya una prueba suficiente como para que Uruguay apostara a ser vanguardia. Además, aún hay que resolver todo un tema bancario porque hay un sector a desarrollar, en países como Canadá o Israel, dónde hay bolsa de valores y hay financiamiento privado muy fluido se recolecta millones de dólares para desarrollos y acá cuando precisas 10 mil USD para pagarle a los trabajadores de una granja, tenés todo un problema que hace que esto sea lento, caro y engorroso siendo que es todo perfectamente legal.


La legalización del cannabis es una política típicamente batllista, típicamente batllista en el mismo sentido en el que el batllismo reformó montones de cosas a comienzos del siglo XX que nos hicieron un país sumamente vanguardista, el cual fue seguido por toda América del Sur, ahora es una oportunidad urgente de aplicar batllismo, liberalismo, sensibilidad social y un montón de cosas que el cannabis puede desarrollar.

Es una fuente potencial de empleo para la mujer rural fantástico, para mujeres rurales que en otras actividades tienen muchas dificultades para insertarse, porque una mujer rural trabajando en ganadería se le hace bastante más difícil queda limitada a trabajar de cocinera, mientras que en el trabajo con plantas las mujeres son generalmente incluso mejores que los varones.


Entonces, si queremos ser los mejores en vino, cerveza o en un montón de bebidas que me parece fantástico y me encanta que Uruguay sea vanguardia. Bueno, ¿Cuál sería la razón para no hacerlo con el cannabis? Creo que para el sistema político fue como un shock que le costó asimilar en su momento, ahora ya debería haberlo asimilado y se debería dar el próximo paso.


 Blasina, tú te defines como un liberal humanista. ¿Qué opinión te merece que haya un registro para las personas que compran legalmente?


– Lo del humanismo daría para conversarlo filosóficamente, si tengo simpatía por lo que ustedes le llaman humanismo-secular. Soy un liberal ateo racionalista, pero no antropocentrista. Tenemos que pensar en términos de naturaleza, no solo del ser humano, no ponernos tan en el centro, sino ver al conjunto del planeta en el centro.


¿Qué opino del registro? Es un tema complejo, tiene ventajas y tiene desventajas. Creo que el registro debería ser algo voluntario, pero no obligatorio. ¿Cuál es la ventaja del registro? Por un lado, yo creo que era un peaje a pagar por ser el primer país legal. Si tanto militamos, pusimos la cara y en un mundo en el que nos están escuchando por los celulares, por el Facebook, por las redes, por mil maneras, ya saben lo que hacemos. En mi caso no vi ningún problema personal, o sea, creo que no quedaba mucha gente sin saber que yo estaba a por favor de cultivar mis plantas y saqué una licencia de autocultivo para instalar el museo, me parecía una actitud en cierta manera militante.


Por otro lado, si yo acá tuviese un robo, por ejemplo, tal vez me da una protección mayor si yo estoy registrado. Igualmente, por supuesto que hay dos argumentos muy poderosos en contra. Alguien puede ir ahora a un supermercado, comprarse 3 litros de whisky, tomárselos de un saque y matarse, y nadie le va a pedir un registro de nada, como debe ser, porque definitiva si vamos a registrar al que compra con demasiada sal, al que compra alcohol, al que compra azúcar, el que compra veneno para ratas, sería un caos de Estado hiperdirigista. Entonces es absurdo, y creo que también tiene ese riesgo de que un día gana una idea política de extrema derecha o izquierda que quiere perseguir a la gente por lo que hace en su vida privada, y ahí tenés material súper jugoso con el cual decidirá: “mira qué sabemos que vos fumas marihuana, estás en un club, o cultivas y no te queremos poner en tal cargo”. Es más, hubo un excelente director técnico de fútbol de Uruguay que era el candidato para dirigir las juveniles y alguien lo trancó porque él en su vida privada fuma cannabis, es un excelente director técnico que hoy está en un club de primera haciendo una buena campaña, como suele hacer.


Entonces, yo creo que es algo que a la larga va a terminar cayendo, pero el problema es que al ser algo que todavía está prohibido en todos los países vecinos, también hay que garantizar que el cannabis legal de Uruguay no derrama a los países vecinos, y no derrama a ningún tipo de mercado negro. Es fácil irse a una posición de rebelde y decir “abajo el registro” pero si cuando yo empecé a militar por esto en los años 80 me decían que Uruguay iba a ser el primer país en legalizar en el mundo yo le decía que era un chiste, que no podía ser de ninguna manera. Creo que es una transición, conviene discutirlo, pero no veo que sea algo en lo que quepan posiciones demasiado tajantes en un sentido o en otro. Hay que sopesar los distintos argumentos.


– Saliendo un poco del cannabis. La cocaína y el LSD son sustancias que tienen un consumo activo en nuestro país. ¿Deberíamos liberalizarlas?


– Bertrand Russell decía: “Los jóvenes tienen la obligación de rebelarse ante las estupideces de su época”, y creo que uno tiene que mantener esta actitud de pensar cuáles son las estupideces que tiene la época en la que uno vive. Creo que siempre se tiene que pensar en legalizar. Tanto las plantas, como los hongos, los cactus, incluso la ayahuasca no debe tener ninguna regulación de ningún tipo como objetivo. En la sociedad que yo quisiera en un mediano plazo, las plantas que han sido usadas por seres humanos durante miles de años a efecto visionarios, el Estado no tiene nada que opinar al respecto y los humanos mantenemos el derecho a usarlas con ese fin o con cualquier otro. Yo tengo acá (en el museo) tengo las plantas con las que se prepara la ayahuasca, las tengo simplemente por la curiosidad de saber que a esas plantas las han usado en la Amazonia durante miles de años para el autoconocimiento, para la razón que sea. No tendría sentido que le Estado opinara sobre esa planta que yo tengo ahí, no tiene nada que opinar, es como que opinara sobre los libros de mi biblioteca.


Sobre las sustancias industriales la discusión es más compleja, y ahí sí creo que el Estado se debe una discusión. Es buen ejemplo el de Cocaína y LSD, porque son muy distintos. A mí la cocaína me parece una sustancia que no me genera simpatía, respeto a la gente que la consume, pero me parece un poco complejo que el Estado se ponga a fabricarla. No le veo urgencia y no le veo una manera práctica y razonable de implementarlo. Le veo el problema, por un lado, de una adictividad fuerte, que se potencia muchas veces con la adictividad del alcohol, un daño que termina siendo importante para quien cede a la adictividad. Ha arruinado tanta vida que conocemos… Maradona, por ir al ejemplo más cercano en el tiempo. Yo no la uso, no la recomiendo pero respeto por supuesto al que sí lo hace.


El LSD me parece muy distinto a la cocaína, es algo muy poco adictivo, que proporciona una experiencia que para mucha gente es importante, en esa lógica del autoconocimiento o de la mejor comprensión de la naturaleza y es algo que se está usando cada vez más en microdosis con fines terapéuticos. De las cosas más fuertes que vamos a ver en los próximos 10 años es el uso de LSD y de psilocibina, la sustancia de los hongos, en microdosis para muchas terapias: para la depresión, para el alcoholismo, para el estrés postraumático. En Canadá, Gran Bretaña, y en muchos otros países, se están abriendo las puertas a la investigación médica y creo que en lo personal LSD no conlleva un riesgo comparable ni al alcohol, ni al tabaco ni a la cocaína. De hecho, el descubridor del LSD Albert Hofmann vivió más de 100 años, y lo usó sin tener nunca ningún inconveniente, por supuesto, como todas las cosas, si uno usa algo todos los días le va a terminar haciendo mal, o sea, todos los días solo agua, frutas y verduras, pero todo el resto si uno lo usa todos los días, al cuerpo en general le termina resultando incisivo. Sin embargo, creo en esa lógica razonable de analizar las cosas científicamente y tratar caso por caso. Legalizar el LSD me parecería razonable pero la cocaína en este momento no me parecería razonable.


– En Uruguay el consumo de las drogas es legal pero su producción y distribución es ilícito. En caso de que nuestro país liberalice esto último con sustancias que no son tan nocivas, ¿quién debería tomar el guante, los privados o el Estado?


– Yo diría que hay productos que bien usados no son nada nocivos e incluyo el cannabis entre ellos y a todas las plantas que como decíamos, el ser humano ya las ha usado durante miles de años. Yo creo que ahí el Estado debe dar una señal que no va a entorpecer, basta decir que no va a entorpecer para que los privados digan: “Bueno, si el Estado no va a entorpecer quiero ver quien puede importar o quien quiere comprar aquí en Uruguay,” la iniciativa privada verá qué es lo que puede hacer. Alcanza con que el Estado prometa un análisis científico del caso y sea lo suficientemente liberal para no querer poner palos en la rueda.


 ¿Qué rol tiene el Estado en el funcionamiento con la ley actual?


– En cannabis el Estado licita los permisos de producción para cannabis psicoactivo y fija precio en el caso del cannabis psicoactivo. En el caso del cannabis no psicoactivo el Estado simplemente da un permiso autorizado. ¿Por qué debe dar un permiso de autorización? Porque hay un comercio ilícito muy grande y como país latinoamericano tenemos que blindarnos lo más posible del narcotráfico, nadie quiere que venga un narco a aprovecharse de la legalidad de Uruguay. Entonces, vos tenés que presentar un proyecto, poner cuánto vas a gastar y explicar de dónde salen los fondos. El Estado es el que otorga los permisos y en el caso del cannabis psicoactivo fija un precio porque es un objetivo de la ley que tenga un precio accesible de modo de desalentar al cannabis psicoactivo no legal.


En el caso de la empresa en la que participo exportamos en cannabis y el Estado no interviene más que dándonos los permisos e inspeccionando que lo que decimos en el proyecto que vamos a hacer, es lo que hacemos en el campo y el Estado suizo al que le exportamos, al ser cannabis de menos de 1% de THC lo trata -con toda lógica- como si fuera una lechuga, entonces es fácil concretar el comercio. No hay una burocracia médica que esté controlando más que la calidad que se controla en cualquier producto que se exporta un mercado exigente como el de Suiza.


Hay veces que se tiene una visión de que es algo extremadamente estatista, pero el papel del Estado de fijar un precio para un producto -también fija un precio para la leche porque son productos que tienen peculiaridades- no está mal. En unos pocos productos el Estado puede arrogarse la facultad de decir: “bueno la norma es que los precios los rige el mercado, pero hay algunos precios donde el Estado decide fijar ciertos parámetros por alguna razón”. Acá la razón es que si vas a comprar a una boca no te vale la pena, mejor anda a una farmacia o hacete de un club o plántala vos. Bueno, si vas a la farmacia, sabes que el precio va a ser razonablemente accesible y, por otro lado, a los narcos les da la señal de que venir a Uruguay no va a querer un gran margen, entonces bueno, me parece que el liberalismo filosófico hay que pasarlo por el tamiz del pragmatismo de cómo se aplica a la práctica esa lógica de libertad.

Ya que tengamos cannabis en la farmacia para el que quiera es algo maravilloso, tal vez el liberalismo debería ser preguntarse por qué solo en farmacias y no en un café, en el museo, o en supermercado. Bueno, ese esa una discusión válida pero capaz que hay que mantener un precio razonable fijado, que sepamos que le da un margen al que produce y que le permite a la población acceder a un precio que es competitivo con el producto ilegal que queremos alejar de Uruguay.


– Cambiando de tema, y adentrándonos en la política partidaria, tuviste la responsabilidad de ser referente de Ciudadanos en materia ambiental en la campaña pasada. ¿Qué te llevas de esa experiencia?


– La experiencia de Ciudadanos fue muy interesante, yo había tenido una muy breve militancia en el wilsonismo en los años 80, en la que no me había sentido muy a gusto, no me parecía una manera que iba a conducir a un cambio, eran otros tiempos y eran otras circunstancias también. Esta experiencia me resultó de un trabajo en equipo súper interesante, yo trabajé tanto en agro como en ambiente.


Por un lado, trabajar con gente que conocía y valoraba muchísimo, y, por otro lado, otra gente con la que hoy mantengo una amistad muy importante. Fue un trabajo de construcción colectiva súper interesante. De modo que estoy agradecido y creo que Ciudadanos tiene que mantener la lógica que se deriva de su nombre, que no es una lógica de un fanatismo partidario ni de depender de una persona que lidere, no es una concepción rígida de ningún tipo, sino que son ciudadanos que se ponen a pensar en equipo cómo hacer de la comarca un lugar mejor para vivir preservando las libertades. Con preocupaciones por los más débiles, con la lógica del batllismo de Batlle y Ordoñez de que el Estado es el escudo de las débiles, y con la lógica de Jorge Batlle de que la estrategia de Uruguay es la agroexportación complementada por ciencia y tecnología. Es decir, con el empuje liberal de Jorge Batlle, con las preocupaciones sociales de José Batlle y Ordóñez pero también es un lugar donde el hoy ministro de Ganadería es blanco como hueso de bagual y sin embargo, está en Ciudadanos y está muy agradecido también de la experiencia. Creo que somos muchos que llegamos allí sin el ansia de una bandería, sino con el ansia decir que lo que si somos todos es demócratas, laicos, preocupados por construir una sociedad sin pobreza, y a partir de eso nos ponemos a pensar cómo se hace, consultamos a los técnicos, etc. O sea que lo mantengo como una experiencia sumamente positiva y estoy muy agradecido de que un día Ernesto Talvi me haya llamado y me haya pedido que compartiera mis puntos de vista con Ciudadanos.


– En algún se manejó el nombre de Eduardo Blasina como un potencial Ministro de Ambiente. Finalmente es Adrián Peña quien termina asumiendo la responsabilidad de poner en marcha un nuevo ministerio enfocado en la cuestión ambiental. ¿Por qué es tan importante que los Estados modernos prioricen este tema?


– Yo creo que es tremendamente importante porque este es el siglo de los temas ambientales, este es el siglo en el que la humanidad se juega su supervivencia. Si continúa con la lógica de la Revolución Industrial y de la energía fósil, de considerar que la naturaleza es algo a dominar, provocará su propia extinción.


Hay que generar un cambio de paradigma en el cual precisamos desandar la lógica de que la naturaleza está nuestro servicio y ponernos nosotros al servicio de la restauración de la naturaleza, aunque sea con el objetivo egoísta de que nuestros nietos vivan en planeta con un clima normal y no en un caos de océanos que inundan las tierras de cultivo, de zonas tropicales inhabitables, de desertificación masiva. Entonces, tenemos que intentar evitar una distopía que hoy se está vendiendo sobre el final de este siglo, lo ha entendido así la Unión Europea, Japón, Canadá, y lo ha entendido así ahora el electorado EEUU a través de Joe Biden; y finalmente o tomamos ese camino o nuestros nietos pagarán muy caro.


El concepto batllista de solidaridad que es tan fuerte también tiene que incluir una solidaridad intergeneracional no podemos decir solamente: “vamos a optimizar nuestro PBI», pasar la bomba y que después nuestros hijos o nuestros nietos digan “lo que me dejaste es un lugar inhabitable”. Esto es algo que no nos podemos permitir.


Me parece un hito que va a quedar en la historia de Uruguay que el primer Ministerio Ambiente le tocó al Partido Colorado. Creo que es muy bueno que le haya tocado a Peña porque es un gran organizador. Hay gente que me dice que Peña no es un experto en el tema de biología o de ambiente, pero tal vez Atchugarry tampoco tenía un PhD en economía, pero era una persona tremendamente sensata y un excelente organizador y creo que Peña es también un excelente organizador. Era muy difícil armar algo de cero con bajísimo presupuesto, creo que está haciendo un gran trabajo, así que me alegra muchísimo que haya recaído en él la responsabilidad.


– ¿Ser ambientalista es ser anticapitalista?


– Hoy distintas concepciones. En mi caso, creo todo lo contrario. El paradigma del buen empresario de hoy es Elon Musk, él ha diseñado toda su lógica empresarial en revertir los daños que causa la economía del petróleo y ha hecho un trabajo fantástico.


Yo creo que ser ambientalista es tener sentido común y tener sensibilidad hacia la naturaleza. Debería ser algo que uniese a todas las ideologías porque en definitiva no hay nadie por extrema que sea su ideología que quiera que su nieto la pasé muy mal por su culpa. Entonces, creo que ha habido una especie de desdén de un sector ultraliberal en los temas ambientales, suponiendo que el mercado todo lo arregla, pero si empezamos a matar elefantes por el marfil, el marfil se hace cada vez más escaso y el precio sube, por lo tanto, estamos garantizando la extinción de los elefantes; hay una falla de mercado, es por eso que el Estado tiene que intervenir para que haya reservas y para desestimular esa demanda. Hay una reflexión necesaria de quiénes somos liberales, respecto a las fallas de mercado que llevan a que la naturaleza eventualmente se destruya.


El Estado tiene que intervenir, tiene que poner pautas, tiene que poner normas, tiene que acelerar el desuso del petróleo y del carbón, aunque sea en el corto plazo más eficiente, tiene que invertir en incentivar a las empresas de energía solar, en fin. Estados Unidos va a lanzar el mayor plan económico de su historia y posiblemente de la historia de cualquier país, 2 billones de dólares, todo para acelerar la transición hacia una economía que sea verde y de energías limpias y eso va a ser dinero del Estado en cantidades inéditas, cabe esperar que les vaya bien pero EE. UU. va a seguir siendo capitalista, va a seguir habiendo bolsa de valores, van a seguir cotizando las empresas, y capaz que la actitud militante es darle dinero a las empresas que quieran acelerar esa transición y si te va bien genial, ayudaste a arreglar el mundo y ganaste dinero invirtiendo en una solución ambiental. Considero que el capitalismo tiene un montón de errores, pero tiene también esa flexibilidad de diagnosticar que hay un problema y generar empresas innovadoras que ayuden a solucionarlo. En mi caso, no comparto las visiones ambientalistas anticapitalistas.


– Hablando de políticas ambientalistas, ha estado en discusión la ley de forestación propuesta por CA y apoyada por el FA. ¿Qué opinas de normativa actual? ¿Necesita cambios?


– Yo creo que la ley fue muy buena en acelerar el desarrollo de un sector nuevo para la economía uruguaya, qué es un sector muy útil para muchísimos productores que les permite diversificar sus fuentes de ingresos y sus riesgos. Ha permitido, además, posicionar a Uruguay en el mundo como un país que puede recibir inversiones de gran porte y dónde quién hace esa inversión quiere volver pasados los años.


Una inversión de Finlandia, no es lo mismo que si fuera una inversión de otros países, porque tiene estándares altos en muchos aspectos, pero creo que han pasado muchos años, muchos productores de otros rubros sienten que hay una situación de inequidad y creo que también la forestación plantea un cambio en los ecosistemas que es muy radical, por lo tanto, como sociedad tenemos que pensar si queremos más plantas de celulosa o acordamos entre todos que hasta aquí está bien y yo creo que hasta aquí está bien. De modo que la forestación pueda seguir creciendo, pero abasteciendo lo que hay y no yendo hacia una cuarta, quinta o sexta Planta.

Básicamente el problema que yo veo es que seguiríamos perdiendo campo natural y el campo natural es nuestra Amazonia, es nuestro gran diferencial de biodiversidad para todo el sector cárnico. La producción pastoril es un diferencial también para todo el sector lechero, y las rotaciones con pasturas lo son para toda la agricultura. Entonces, el problema que yo veo es que si mantenemos estás lógicas asimétricas y mantenemos la libertad de que se instalen más Plantas, vamos a generar una pérdida de campo natural, vamos a tener una pérdida de biodiversidad grande. Prefiero que mi nieto pueda ver campo natural y monte nativo, y vacas, ovejas, lagartos, ñandúes y mulitas, a que sea una superficie de una muy alta proporción de bosques donde básicamente no va a haber mucha cosa interesante.
Hay una discusión pendiente, tal vez no es la ley que propuso Menéndez, pero es alguien a quien le tengo respeto intelectual en lo que defiende. Estoy con los productores de Tacuarembó, por ejemplo, que están muy preocupados con querer seguir siendo agrarios, pero se enfrentan a que cada vez los van rodeando más y más, y se les hace difícil continuar. El sector forestal ya tuvo su impulso, logró consolidarse como un sector maduro. Bueno, tenemos que pensar cómo hacemos para que ahora juegue con las reglas de juego que juegan todos los demás.


– El pasado año, fuiste designado Presidente de la Comisión Honoraria para el Fomento de la Agroecología. Ahora tienes la oportunidad de trabajar sobre algunas de las problemáticas ambientales que tenemos en nuestro país. ¿Cuáles son los objetivos esenciales de la Comisión?


– El primer objetivo es terminar de elaborar el Plan Nacional de Agroecología. Lo que se busca es producir alimentos o fibras, o producir lo que uno quiera respetando criterios que vienen de la ecología, criterios de biodiversidad, criterios de salud del suelo, criterios que tienen que ver con finalmente generar el menor impacto posible o si fuera posible no generar ningún impacto en absoluto. La comisión ya venía trabajando de antes, ya tenía un plan preliminar y estamos tratando de dar una visión que complemente lo que se había hecho, respetando el trabajo previo pero sumando alguna visión de quiénes nos hemos incorporado a la Comisión a partir de la asunción del nuevo gobierno.

Una vez establecido el plan, tenemos un pequeño presupuesto que trataremos de hacerlo rendir lo más posible y trataremos de conseguir apoyos que nos permitan, por un lado expandir la producción que se ajuste a criterios agroecológicos, por ejemplo, una producción que toma en cuenta es que haya una biodiversidad creciente en el sistema productivo, que permita que haya polinizadores, un sistema que de ser posible capture carbono y un sistema que por usar pocos productos de síntesis química le garantiza al consumidor que tiene una calidad diferencial. Uno se puede comer el tomate y si lo lava un poco mejor o un poco peor, el tomate lo único que tiene es polvo, no tiene un insecticida aplicado pocos días antes.

Hay todo un cambio de paradigma agronómico que cuando yo hice la carrera solo se centraba en el rendimiento por hectárea del producto que se quería reproducir y que ahora suma un montón de otros criterios. Hay también una vía de que Uruguay, que se llama a sí mismo “Uruguay Natural”, le muestre al mundo una producción de alimentos y fibras ejemplares. Eso implica trabajar en certificaciones, implica trabajar en la lógica para registrar bioinsumos, implica trabajar en cosas que a mí me parecen muy interesantes como es el control biológico, es decir, controlar los insectos con otros insectos o con predadores en general, insectos o aves en vez de controlarlo a través de una guerra química. Implica la cultura de que en cada casa se haga compost, que se trate de manejar los residuos separando lo orgánico de lo inorgánico, implica desarrollar la lombricultura en Uruguay, porqué las lombrices son claves para acelerar el proceso. O sea que hay un montón de aspectos, y luego en cada rubro del agro hay que diseñar una transición, desde una producción convencional hacía una producción que vaya teniendo herramientas tecnológicas para encontrar mejores soluciones de las que tienen la agronomía convencional.


Es fundamental el apoyo del Instituto Nacional Investigación Agropecuaria, de la Facultad de Agronomía y de toda la Academia porque una cosa es decir: “quiero ser orgánico o quiero ser agroecológico”, pero luego hay que tener las herramientas basadas en la ciencia como para poder llevar ese esfuerzo acabo.


Es una tarea honoraria pero muy interesante y hasta apasionante diría yo, ahí estamos como comisión trabajando al firme. En este año vamos a presentar un Plan Nacional para el Fomento de la Agroecología que aspiramos que sea el que rija por este pedido gobierno por lo menos. Tenemos que presentarlo y después ver cómo implementamos acciones al respecto.


– Para cerrar, recomendanos un autor o libro para los amantes del medioambiente.


– ¡Es difícil un libro solo! Hay muchos autores, pero recomendaría para los temas ambientales a un británico que se llama James Lovelock un científico que tiene como 101 años. Elaboró lo que se llama la “Hipótesis Gaia”, qué es una hipótesis que le surgió luego de trabajar varios años para la NASA y tiene un libro que se llama “Las Edades de Gaia”. Gaia es Gea, la diosa griega por la cual llamamos Geografía a la Geografía y Geología a la Geología.


Es la hipótesis de que la Tierra se comporta como un gran organismo vivo que busca preservar determinados equilibrios, no es algo místico de que la tierra está viva, no hay que tomarlo literal. Se basa en entender la vida en la Tierra como un conjunto, como un superorganismo y entender que, si rompemos determinados equilibrios, el problema de romperlos es como si a nosotros la fiebre se nos pasara de los 41 o 42 grados, estamos realmente desencadenando un montón de procesos que ponen en riesgo nuestra propia existencia


 Eduardo Blasina, muchas gracias por recibirnos.


– Un placer.


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2 comentarios

  • Alejandro Soumastre
    Alejandro Soumastre

    Muy buena nota. Un análisis libre de prejuicios. Ojalá que los Blasina empapen al resto y se pueda seguir avanzando en el camino de la liberalización.

    Responder
  • Un mercedario
    Un mercedario

    Este hombre tiene las ideas claras

    Responder

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