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La mujer rural y su participación en la productividad actual

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Las mujeres rurales en Uruguay se enfrentan a un mundo de hombres. Aun en pleno siglo XXI sufren de discriminación salarial y laboral, y también la carencia de recursos técnicos y acceso a la tierra. Según el Ministerio de Agricultura: “En Uruguay, las mujeres rurales y del agro afrontan brechas de acceso de la tierra, los recursos productivos y la asistencia técnica, así como una segregación horizontal en la educación técnica agropecuaria. Esto ha impulsado a un proceso de masculinización del mundo agropecuario, disminuyendo la autonomía económica de las mujeres del sector”.  

En nuestro país contamos con dos organismos oficiales encargados de desarrollar estadísticas sobre la población y que presentan dos definiciones distintas sobre población “rural” y con respecto a esto, también se definen diferentes grupos de mujeres rurales.

En primer lugar, se hace referencia a las mujeres en áreas rurales, el Instituto Nacional de Estadística (INE), institución que lleva a cabo los censos de población en el Uruguay, se focaliza en la Ley N.°10.723 de Centros Poblados para la clasificación de la población en urbana-rural. Dicha normativa brinda a los gobiernos departamentales la competencia única para el concepto de centros poblados, caminos o cualquier vía de tránsito que impliquen amanzanamiento o formación de centros poblados. En este caso la población rural es la población que no reside en centros poblados, definición dada entonces por la exclusión, es decir, todo lo que no es considerado como urbano es considerado como rural.

Distribución de la población rural dispersa por sexo. 1963-2011

AÑO   MUJERES  VARONES    INDICE DE FEMINIDAD

1963   216.928       281.453            77

           43.5              56.4  

1975   204.295         269.778          76

           43                  57

1985    157.393        216.761          73

            42                   58

1996     125.490         166.196        76

            43                   57

2011     76.855           98.758          78

            Fuente: FAO, 2005 y CPV 2011                                      

Las mujeres representan el 43.8% de la población rural, es decir, el 4.5% de la población femenina del país y el 24% de la población total. El índice de feminidad se centra en 78 mujeres cada 100 hombres, mostrando estabilidad en los diferentes años en que se realizó el censo. Como se aprecia en el cuadro mostrado anteriormente,  las mujeres han tenido una menor presencia que los hombres en el campo, lo cual se explica  por la formación temprana en Uruguay de un sistema de producción (ganadería extensiva) que demanda casi exclusivamente hombres y expulsa a las mujeres, las que a causa de esto deben ir a las ciudades en busca de oportunidades laborales.

Luego hablamos de mujeres en explotaciones agropecuarias, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, cartera ministerial que lleva a cabo los censos Agropecuarios, se basa en una definición bastante distinta de población rural, centrándose en las personas que residen habitualmente (por lo menos seis meses en el año censal) en explotaciones agropecuarias. Por esto hace referencia a población agrícola y no rural, ya que la definición vincula directamente el lugar de residencia con la actividad agropecuaria de las personas. Desde esta perspectiva de sector, las mujeres rurales son las que residen en explotaciones agropecuarias.

AÑO   VARONES   MUJERES    INDICE DE FEMINIDAD

1970    179.966          138.200             77

              56.6                 43,4             

1980     153.472          110.744            72

              58.1                 41,9

1990      127.104         86.263               68

               59.6                40,4

2000      111.761         78.077               70

               58.9                 41,1%

2011      67.704             39.257             58

Fuente: Censos Agropecuarios 1970, 1980, 1990, 2000 y 2011

Las mujeres son 39.257, representando el 36.7% de la población agrícola. Como se muestra en el cuadro anterior, las mujeres han tenido una menor incidencia que los hombres en la población agraria y en los distintos años censales se aprecia una menor presencia de las mujeres en las explotaciones agropecuarias. Un dato a destacar es que esta proporción menor de población agrícola femenina se agudiza a medida que aumenta la edad de las personas.

1. Las mujeres rurales en el trabajo productivo

La mujer rural se ha ido incorporando al mercado laboral de forma bastante sostenida en estos últimos tiempos, sobre todo en América Latina se ha evidenciado que tal incorporación es fundamentalmente en la agricultura de exportación. Lo cierto es que, a pesar de esto, la inserción laboral femenina sigue siendo menor a la de los hombres. Esto se debe a que, en general, las estadísticas no visualizan el trabajo no remunerado de muchas mujeres, las que participan, por ejemplo, en sectores rurales con su familia. La inserción laboral de las mujeres rurales puede ser bajo el régimen de asalariadas en el sector agropecuario tanto permanente como temporal, a su vez, también puede darse como productoras agrícolas o miembros del hogar siendo éstas remuneradas o no, en explotaciones agropecuarias, o como trabajadoras en empleos rurales no agrícolas.

Marcela Ballara y Soledad Parada mencionan que “las mujeres se incorporan a las actividades agrícolas en menor medida que los hombres, y  las que se desempeñan en este sector lo hacen mayoritariamente en calidad de trabajadoras familiares no remuneradas o como temporeras de la agricultura. De esta forma, las mujeres que se vinculan a los empleos agrarios tienen generalmente empleo precario y mal remunerado, carecen en su mayoría de protección social y enfrentan serias dificultades para el goce pleno a sus derechos laborales”.

2. Las mujeres en el sector agropecuario

Los datos del último Censo Agropecuario demuestran que en los establecimientos agropecuarios de nuestro país trabajan aproximadamente 115 mil personas de forma permanente. De éstas, un poco más de la cuarta parte (27.3%) son mujeres. Esto da un índice de feminidad realmente inferior al de la población rural, de 38 mujeres cada 100 hombres. De igual forma, hoy día se ha visto un gran crecimiento de la mujer en el sector agropecuario, pero queda mucho por avanzar aún.

3. Cambios de las relaciones familiares

La manera en que la sociedad conforma sus modos de convivencia, tradiciones y valores enmarca la organización social y productiva. Las relaciones familiares también continúan en constante cambio, anteriormente se inculcaba en la familia tareas como la cocina para las mujeres, pero hoy sabemos que es común verlas desarrollando otro tipo de trabajos. En estos últimos tiempos, se ha notado un cambio sostenido sobre la visión de la mujer para la sociedad, y en el mercado laboral.

El trabajo de campo requiere de fuerza y constancia, por lo que siempre se ha creído que es un trabajo propio del hombre, lo cierto es que existen muchas mujeres físicamente fuertes y dispuestas a poner en práctica estas habilidades, tal es el caso de Luciana, Isabel y Cristina entrevistadas por Economía creativa. Luciana creció en una familia de agricultores, expresa firmemente que ha nacido con la idea de que este trabajo no es para niñas, pero a pesar de esto decidió desempeñar tareas de campo, llevando adelante una huerta ecológica. Por otro lado, tenemos el caso de Isabel, desde Montevideo se mudó al campo con su familia, sin tener idea de lo que significaba vivir en un medio rural sacó adelante un magnifico emprendimiento de quesos fabricados con leche de cabra, oveja y vaca. Por último, tenemos a Cristina, “peona” de campo, trabaja como empleada en una finca desarrollando tareas rurales, como cuidar el ganado, al mismo tiempo que impulsaba la creación de un grupo de mujeres rurales, con el objetivo de que la unión forme la fuerza y puedan salir adelante de una forma más sencilla. Su historia es muy llamativa, relata que incluso llegaron a rechazar su trabajo por ser mujer.

4. Uruguay ha avanzado en políticas de género para la mujer rural

Si bien aun existen brechas salariales, en donde se manifiesta con mayor dureza es en el medio rural. Tal labor no es totalmente reconocida, y muchas veces rechazada. Sin embargo, nuestro país continúa su camino buscando medidas para que estas mujeres puedan ser insertadas de una forma equitativa en este mundo laboral.

El gobierno toma una iniciativa excelente al nombrar a Fernanda Maldonado, una mujer decidida y con experiencia en este ámbito, en la Dirección del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca. La mencionada es una mujer con experiencia, dada su residencia en el campo y el conocimiento profesional que le liga a éste. Cuando se habla de la discriminación de la mujer en este terreno, ella sabe bien de lo que se está hablando, puesto que lo vive en carne propia a diario, y no solamente en el medio rural, sino que también en la política.

Todas estas mujeres tienen algo en común, y es la fuerza con la que luchan por el trabajo que quieren desempeñar a pesar de la discriminación que viven a diario, dado que son un grupo que se encuentra en gran desventaja en todos los ámbitos de la vida, el mundo rural no es ninguna excepción, pero con distintas ayudas como asesorías técnicas, subsidios y con la organización de las mujeres rurales se ha avanzado mucho y se seguirá avanzando más aun.

5. Las mujeres rurales desempeñan un papel fundamental en la productividad del país

La desigualdad entre los géneros es uno de los problemas fundamentales que limitan seriamente a el desarrollo personal de las mujeres rurales. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima que se ganaría mucho en productividad si se garantizase un acceso equitativo de las mujeres a los fertilizantes, las semillas y a las herramientas, reduciéndose así la cantidad de personas con hambre.

La ONU conmemoró el Día Internacional de las Mujeres Rurales, el cual se celebra el 15 de octubre de cada año, víspera del Día Mundial de la Alimentación. Lo que se buscó con lo dicho anteriormente es la concientización de la importancia de las mujeres en el mundo rural, se trató entonces de destacar el rol de las mismas en la producción y la seguridad alimentaria. Estos días preceden también al Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, celebrado el 17 de octubre de cada año.

Cuando hablamos sobre la mujer rural y su importancia, pocos ven el problema de trasfondo. El conflicto inicial reflejado a consecuencia de la discriminación hacia la mujer acarrea muchos problemas más, tan importantes como el primero. El hambre como sabemos es un problema mundial, excluir a las mujeres de poder trabajar en favor de la productividad de nuestro país, solo incrementa la pobreza y la desigualdad social, generándose así un mayor obstáculo en la lucha por la erradicación del hambre.

En la Conferencia Regional sobre la mujer de América Latina y el Caribe, que se celebró en el año 2016 en la Ciudad de Montevideo, se hizo referencia a este tema en particular. Fue una conferencia muy interesante que intentó destacar la importancia de la mujer rural.  Una de las frases más relevantes que se mencionó fue: “La lucha contra el hambre se ha transformado en una de las principales metas de los países de la región, impulsándose un trabajo regional que se adiciona a acciones nacionales que buscan asegurar la seguridad alimentaria y nutricional de toda la población”.

Norma Carugno (presidente de la Red de Mujeres Rurales) pidió el reconocimiento del “rol protagónico de la mujer rural en la producción agropecuaria y en la alimentación” y su valoración “como productoras y guardianas de semillas nativas y criollas…somos defensoras, luchadoras y transmisoras de esos saberes que preservan la biodiversidad”. Hizo referencia a la autonomía que dijo “es en primer lugar un derecho de las mujeres en general, y de las mujeres rurales en particular”. Reivindicó la soberanía alimentaria como derecho de los pueblos a definir su política en materia de alimento y agro, independiente de los otros países, lo que implica “defender nuestro territorio”, conservar las semillas y evitar la contaminación. Remarcó a su vez, que “los gobiernos piensan en asegurar la alimentación… que no es lo mismo que dejarnos producir lo que queremos”.


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